PINCELADAS
SOBRE EL CUIDADO DE SÍ.
Recordemos que la sociología es una ciencia que persigue continuamente
mejorar el entorno social, fundamentándose primordialmente en la cotidianidad, que
es el “mundo del sentido común” (Schutz A.), tanto de la producción histórica, como
también de la realidad actual. Ya que la tarea principal del sociólogo es
comprender o entender las prácticas sociales de la humanidad, con la finalidad
de buscar respuestas a las problemáticas sociales y plantear estrategias para sustentar
el bienestar de la humanidad.
Antes de
reflexionar sobre el cuidado, el término del cuidado se
refiere a una acción que significa quererse a sí y a las demás personas, es
asistir, ayudar, etc., para preservar y ocuparse adecuadamente de sí o de otra
persona, por lo que indagar sobre este tema resulta muy complejo, pero en vista
que en los últimos años se ha venido popularizando, amerita dar puntos de vista
de interés al respecto.
La inquietud principal de
este análisis radica en el cuidado de
sí y relativamente del cuidado de otras personas, procurando que este
contenido sea objetivo y tenga relación con la sociología contemporánea, ya que
entre sus planteamientos esta atender las relaciones yo-otros y sus
consecuencias (empatía, amor, etc.). (López Ma. Carmen, Papers 50, 1996,
209-131).
De cierta manera el “cuidado de sí” es el cuidado de su ser
y de su alma, involucra la preocupación de si, el bienestar de si, vigilar que se
cumplan sus intereses individuales, es decir lo que quiere, lo que aspira etc.,
para lo cual debe cuidar lo que piensa,
la conducta, el modo de actuar, la moral, e interviene también la
espiritualidad, la meditación, la conciencia. Estas últimas prácticas sociales
están vinculadas directamente con lo que significa el término cuidado de sí y de
la colectividad.
A partir de las inquietudes
que se han generalizado en el espacio social sobre el cuidado de sí y de otras personas, se desarrolla en varios sentidos,
teniendo en cuenta “entre el individuo stultus y el individuo sapiens” es decir
entre la persona estulta y la persona perspicaz, para lo cual se ha conseguido
diferenciarlas de dos maneras:
Las personas estultas son aquellas
que ven pasar el tiempo y se dejan llevar por la imposición de las reglas y los
significados derivados de la cultura hegemónica, las que prefieren no ocuparse
de su voluntad, ni de sus verdades, ni de sus realidades, es quienes prefieren
un entorno sin cambios, es decir tienden a ser funcionalistas ya que actúan acorde
a las circunstancias porque su ideal es que su vida permanezca ventajoso y tranquila.
Por lo tanto para que su espacio se mantenga sin tensiones, se apertura a las influencias
externas, aceptan las decisiones ajenas, al final llegan a convertirse en personas
acríticas.
En cambio las personas
perspicaces son todo lo opuesto a las personas estultas, tienen una voluntad
ilimitada para salir de la stultitia, aportan criterios y enfoques para nivelar
las resistencias, conflictos, tenciones, para encontrar posibilidades de
reestructurar las dinámicas sociales heredadas. Tienden a demostrar que se
valoran, que se quieren, se desenvuelven en base a prácticas de bondad y
verdad, ayudan a desenmascarar la desigualdad, se sienten libres de expresar sus
puntos de vista, aunque esto les haya llevado a nefastas consecuencias.
Se considera que el
objetivo de estos dos grupos de personas, es en primer lugar buscar su
bienestar, sin embargo tienen diferentes puntos de vista, por lo cual es
importante mencionar lo que Foucault expreso al respecto, para lograr cuidar de
sí y cuidar a otras personas, es necesario que intervengan simultáneamente la
estulticia y la sapientia, ya que la estulticia no puede ocuparse de sí y la
sapientia siente que tiene que ocuparse de sí. Entonces al existir un
equilibrio entre estas dos ideologías, la práctica del cuidado tendrá resultados
positivos. (Foucault M. 1994).
La mixtura de la estulticia
y la sapientia, es primordial porque la humanidad no solo debe ocuparse de sí,
como tampoco debe dejar de ocuparse de sí, debe existir una tendencia media, para
que se construyan procesos y dinámicas que impulsen equidad y justicia, que reivindiquen las relaciones jerárquicas
y de poder. Para que las personas sientan que son capaces de cuidar de sí y por lo tanto de otras personas.
Al tener la experiencia de cuidar de sí, armonizando tanto la
estulticia como la sapientia encontraran diferencias, aquellas que servirán para
sustentar fundamentalmente que son capaces de cuidar de sus pares, (Foucault M.
1994, pag.60). Por lo tanto, esta exigido intrínsecamente la necesidad del
cuidado de sí - que es el cuidado de su ser y del ser de otra persona.